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Mostrando entradas con la etiqueta Mi hermana. Mostrar todas las entradas
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viernes, 3 de enero de 2014

Y me sigo preguntando…



Y es en estos precisos momentos en los que creo necesitar más tu ayuda. Esos consejos que tanto me tranquilizaban en el momento más oportuno; esas cosas tuyas que me hacían sonreír cuando segundos antes lo veía todo de color negro; tu tranquilidad al tratarme, tu paciencia el entenderme, tu forma de gritarme o lo intrasigente que eras muchas veces. Y todavía te sigues extrañando por qué te llegué a querer tanto y por qué después de este tiempo aún no te he olvidado.

Sobran las explicaciones, las razones que den lugar a una visión más coherente de esta turbia vida. Sobra decir lo que siento por ti y ya no importa si sé o no expresar lo que supusiste en mi vida, que a pesar de mis errores y mis fallos, junto a ti, lo dejó de ser para dar lugar a diversión, tranquilidad, armonía, amor, amistad, discursiones y dialogos…

Y me pregunto, ¿qué es lo que siento? ¿Amor, rabia, tristeza…? Y yo temo sentir un cúmulo de sensaciones que me ahogan, que me agotan, que me hacen brotar las lágrimas que tanto he reservado y sigo reservando en determinados momentos, básicamente… porque nadie sabe lo ucho que te echo de menos, lo mucho que te extraño. ¡Cuantas veces sigo despertandome pensando que tengo que llamarte!!!

Es un despertar amargo cuando me doy cuenta de que ya nunca podré volver a llamarte, que no estás, que te fuistes a ese lugar sin retorno al que todos iremos tarde o temprano.

Y no sé que siento, no se que busco... ¿busco olvidarte, superarte o vivir con la resignación que provoca el saber que no te podré volver a tener jamás? no lo sé, tan solo sé que tu ausencia me duele día a día, noche tras noche... Solo sé que no te olvido y que te llevo conmigo allá donde voy.

Mª José
16/08/2010

Descansa en paz, seguiremos recordándote.




Hace ya un mes, un mes!!! Un mes desde que el cáncer te ganó la dura batalla que habías mantenido con él. intensamente no verte sufrir más. Los últimos días agudizada la enfermedad y el grave deterioro que conllevaba, te fuiste apagando, te fuiste ausentando y cada día que pasaba era un anuncio de tu inminente muerte. Presenciar tu agonía era morir junto a ti, el día antes de morir tuviste unos momentos lucidos, apenas un par de minutos, fue tu última sonrisa cuando viste sentada en tu cama, a tu lado a Esther, quizás ella presentía el poco tiempo que te quedaba ya que se empeñó en ir a verte aquel día, se negaba a dejarlo para más adelante.

Aquella noche estaba sentada a tu lado mirándote, allí estabas tú con aquella respiración fatigosa, pero estabas allí y en un segundo ya no estabas, ¡no estabas!!! con todo lo que significan esas dos palabras! ¡No sabes la cantidad de emociones diferentes por las que he pasado en estos últimos treinta días! ¡No sabes la cantidad de variantes que tiene el dolor cuando pienso en ti!

Recuerdo, en estos momentos, muchas cosas de ti, lo último que se me viene a la cabeza es tu cuerpito retorcido en la cama, tratando de respirar con desesperación, tus gritos de enfado, tus lamentos, tu rabia... Tu imposibilidad de hablar; tus ojos perdidos tratando de ver. ¿Pudiste escucharme decirte cuanto te quería? ¿Habrás entendido que podías irte en paz?. ¡Cuánto me dolió tu dolor!,¡cuánta angustia sentía que sentías!. Eras tan luchadora, te aferrabas tanto a la vida y te fuiste tan mal, no sé cuantos se van bien de este mundo pero la tuya fue una cruel partida.

Y a pesar de recordar tantas cosas soy incapaz de recordar tu rostro, lo intento, lo intento desesperadamente y solo consigo recordar tu cara en el momento en que dejaste de respirar, cuando eso ocurre me encojo en la cama, aprieto los ojos con fuerza tratando de borrar esa imagen que tanto duele de mi mente, pero es inútil gruesas lágrimas se resbalan de mis ojos en esos momentos, sé que no volverás, lo se de sobra, pero el dolor es intenso por tu perdida, por tu muerte.

Esperaba poder darte mi último adiós el día que te enterrásemos, pero me ha sido negada esa posibilidad por razones que no alcanzo a comprender, que no imagino... No me dijeron nada el día que te enterraron, avisaron a todo el mundo menos a mi y a Esther. No puedes imaginar lo que he llegado a sentir, si el dolor de tu muerte fue intenso, este se me ha clavado cual estaca se le clava a los vampiros en el corazón, sin posibilidad de arrancarla.

Todo ser humano -héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo exige poder enterrar dignamente los restos del difunto, para poder enterrar psicológicamente a un muerto, es indispensable aceptar su desaparición física como definitiva. Los rituales funerarios proporcionan la oportunidad de rendir el último homenaje a un ser querido, pero no he podido hacerlo, no te he podido despedir como merecías y realmente me he quedado como incompleta, siento que falta algo, que no sé exactamente lo que siento, tan solo sé que siento que me han robado algo, que tenía derecho a estar presente en esos momentos.

Mi último homenaje y el de Esther es el recordarte con todo nuestro cariño, volver a escuchar la canción que pusimos para despedirte y llorar abrazadas por el recuerdo de tu presencia que ahora es ausencia, allí donde estés, seguro que nos miras con una cálida sonrisa y sabes que no estar presentes no ha sido una decisión voluntaria, sino impuesta sin motivo alguno a no ser la satisfacción de hacer un daño irreparable.

Descansa en paz, nosotras seguiremos recordándote.

Mª José

01/05/2010

HOY HA MUERTO...



No tengo ganas de escribir, ni si quiera de recordar, no quiero ni puedo, ella ha muerto pero con ella se ha llevado una parte de todos aquellos que la queríamos. Solo cabe tristeza, y esos pequeños recuerdos que van encontrando las fisuras de mi alma, por las que brotan estas lágrimas furtivas.
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Los que me conocen ven en mi una persona fuerte y dura, capaz de cruzar el mar a nado, y sólo una pequeña gota en mi mejilla, os enseña que soy una niña frágil y desvalida que necesita un abrazo, una caricia y una sonrisa.

Has muerto, siento un dolor muy intenso, una punzada en el alma; yo estoy viva, me quedan tus sueños, me quedan tus palabras; tu risa y tus enfados; tus bromas y tus gritos; me quedan todos tus recuerdos… Anoche me acomodaba en la silla a tu lado en la habitación del hospital para descansar un poquito, de tanto en tanto te miraba porque esa respiración tan fatigosa que tenías parecía pararse, pero no era así, a los pocos segundos volvía a oírte, hasta que dejaste de hacer ruido, mi mano se poso en tu pecho y se movía lentamente, muy lentamente, hasta que ya no se movió más, no me lo podía creer, habías muerto en silencio, sin hacer ruido alguno.


Me creí una mujer fuerte, capaz de soportar lo insoportable, y solo tu muerte me ha enseñado cuán débil soy. Lágrimas silenciosas cayeron de mis ojos mientras te besaba, te quitaba el parche del ojo que ya no ibas a necesitar más y me sentaba a tu lado con tu mano inerte entre las mías, solo fui capaz de decirte: “Te quiero, descansa tranquila, ya se ha acabado el dolor” No sé si me oíste o no, pero era y es mi deseo.

Apenas hace veinticuatro horas que no estás y ya te echo de menos, aún creo que no ha pasado, que no es cierto, que mañana estarás en casa, en el hospital o en cualquier sitio... Sé que no será así, que mañana es tu funeral... Lo sé y quizás no quiero saberlo o no quiero creerlo. Me siento sola, inseguridad se llama, miedo también. Todo ser pierde a alguien en algún momento de su vida, se retuerce de dolor por esa ausencia, esa que una vez fue más que presencia. Este dolor se suavizara con el tiempo, pero hoy duele hasta desgarrar el alma. Hoy lloro, río, pienso, recuerdo... Mañana... Mañana tendré que aprender a caminar sin ti...

Te quiero

Mª José

31/03/2010

Quizás esta noche, quizás mañana, quizás pasado…

Algo en mi corazón se destrozó cuando te vi en esa cama, tan indefensa como una niña perdida, como una mujer que se rebela contra su destino, que le planta cara a la muerte aún cuando tus palabras han hecho mucho daño a todos los que estamos a tu lado, nos has maltratado porque así te sientes tú, maltratada por tu destino... Estás enfadada con el mundo y no se te puede reprochar, cualquiera en tu lugar se hubiese rendido sin pelear, pero tú no, tu moriras como has vivido, luchando, presentando batalla.

Cuando te das cuenta del dolor que causan tus palabras te has arrepentido, lloras, pataleas y pides perdón con lágrimas que se niegan a salir, ni siquiera te queda la oportunidad de derramarlas, eso también te ha sido negado, has visto como ibas perdiendo todas las facultades que poseemos, primero la vista, el oido a medias, el caminar, el tragar... Y ahora el habla... Nos esforzamos por entender tus palabras pero es muy dificil hacerlo... Tus manos tiemblan... Tu cuerpo se mueve sin control... No puedes hacer algo tan basico como llevarte algo a la boca o sorber agua con una cañita.

Hoy ya has dormido todo el día, no has despertado más que algunos segundos robados a la incosciencia para abrir los ojos y mirar sin ver antes de volver a sumirte en ese sueño que no se si es reparador, pero que al menos te aleja del dolor y el sufrimiento de saber que ya te queda muy poquito tiempo. Tan sólo has tenido unos pocos de segundos lúcidos, pero los suficiente como para darte cuenta que estaba allí Esther, con una mueca, más que sonrisa has atinado a preguntarle que porqué no estaba en e colegio y su respuesta de que eran vacaciones te ha vuelto a dejar tranquila para sumirte de nuevo en ese sueño inducido por los medicamentos.

Ya está. Se ha hecho todo lo que se ha podido y no hay más que esperar que pase. Quizás esta noche, quizás mañana, quizás pasado… hasta que tu cuerpo aguante, hasta que tu corazón diga basta, se acabó y  lo que tarde en apagarse es lo que queda. Esperar. Esperar a que suene el teléfono.

Mª José
30/03

Morir no es fallar; es una parte normal de la vida.

“Somos demasiados los que nos vemos obligados a luchar para conservar la dignidad cuando nuestra vida está llegando a su fin. El mayor ladrón de la dignidad es el sistema médico, que nos despoja de ella despersonalizándonos y convirtiéndonos en números de habitación y camas con enfermedades cuando somos personas con una vida, una historia y una familia… “¿el tumor cerebral de la 644? o “¿el fallo cardíaco de la 302?. Es difícil conservar la dignidad cuando nos definen y describen como una enfermedad o un número de habitación.

El sistema nos arrebata la dignidad tratando la enfermedad y la muerte como al enemigo, ¡insistiendo en exterminarlas cueste lo que cueste! Nuestro cuerpo se convierte en un campo de batalla donde los médicos combaten para “arreglarnos”. No nos gusta admitir que la vida es a veces incómoda o incluso desagradable. Y cuando estamos rotos, queremos que ellos nos arreglen. Queremos creer que podemos arreglarlo todo. Sin embargo, no podemos arreglar a los moribundos porque ellos no están rotos, sencillamente ya no tienen pilas ni recarga posible. Morir no es fallar; es una parte normal de la vida.

Los moribundos se roban inconscientemente dignidad cuando olvidan lo que realmente importa. El proceso de la muerte es, por naturaleza, un proceso que conlleva pérdidas. Los moribundos pierden,entre otras cosas, las “capas externas” que han ido acumulando a lo largo de su vida. Ya no son el presidente de la junta, el amable vecino, el compañero de béisbol o el gran cocinero. Pierden su papel de líder, maestro, trabajador, amigo, deportista, madre, padre, hijo, hija, hermano y hermana. Verse arrojados al papel de paciente los despoja de los papeles que tanto les han enorgullecido lo largo de su vida. ¿Qué les queda? Su concepto de sí mismos. Si se consideran personas especiales y únicas, por encima y aparte de esos papeles mundanos, conservan su dignidad. Para algunas personas, esto es fácil de hacer, porque su dignidad no depende de factores externos. Otras necesitan que sus seres queridos y el sistema médico las refuercen. Por eso es tan importante para quienes están en la antesala de la muerte que los tratemos con dignidad.”

Para ellos es muy duro ver como no pueden controlar funciones básicas de su cuerpo como los esfinteres... Cuando se dan cuenta de que se han orinado o defecado encima, la vergüenza se une al sufrimiento que tienen en esos momentos. El intentar comer por si mismos y ver como la comida resbala por las comisuras de sus labios manchandolo todo les hace temblar de rabia. En estos momentos es cuando necesitan una palabra amable que les reste importancia a estos hechos, que les haga ver que no pasa nada. Aunque por dentro sabemos que si pasa... Pasa... Que sus cuerpos ya no aguantan más tiempo, que la vida les está llegando al final. Es lamentable ver a una persona que toda su vida ha sido autosuficiente, que ha tenido energías para todo lo que se proponía hacer llegue al final de su vida dependiendo de un pañal, un babero, unos brazos fuertes para que lo cojan y un cerebro ajeno capaz de captar una sola palabra para descifrar toda la frase que ha dicho sin que se le haya entendido nada.

Morir es un acontecimiento que el hombre no es capaz de comprender. Morir supone una despedida definitiva de todos y de todo. Quienes compartimos con él la existencia tenemos la obligación humanitaria y fraternal de acompañarle con el máximo respeto a su dignidad - es decir: con amor- en este momento supremo de la vida. Aunque no es fácil cuando nos tenemos que enfrentar a ello, debemos esconder nuestro dolor y poner una sonrisa en nuestras caras para que se sientan reconfortados, debemos aguantar nuestras lágrimas y pena para hacerles el camino más fácil.

No es sencillo tener al lado nuestro a una persona querida sabiendo que son sus últimas horas de vida y aguantar estoicamente el talante sereno, no es sencillo bromear para hacerlo sonreír cuando solo quieres gritar tu dolor. Debemos tragarnos tantas cosas..... Callar tantas otras......

Queremos que mueran, que se acabe de una vez tanto sufrimiento, que descansen ellos y ¿Por qué no decirlo? Nosotros... Queremos que no se den cuenta de que se están muriendo y sin embargo cuando son conscientes de este hecho pero no lo quieren asumir tratan con desprecio, impaciencia, rabia, insultos... A aquellos que más los quieren, aumentando así el sufrimiento de las personas que los rodean.

Cuando exhalan el ultimo suspiro no podemos creerlo, no queremos que pase eso que hemos deseado, una angustia atroz atenaza nuestro pecho. Todas las lágrimas no derramadas en su presencia brotan sin control en su ausencia. Nos sentimos culpables por haber deseado su muerte, por haber rogado porque llegara de una vez. Lloramos porque se han ido y con ellos se han llevado un trocito de nuestras vidas, lloramos porque ya no están, lloramos porque no los queríamos ver sufrir, pero tampoco queríamos que muriesen, deseábamos un imposible: que su enfermedad diese marcha atrás y volvieran a ser las personas de antaño.

La mayoría de la gente habla de la calidad de vida en los últimos meses de una enfermedad terminal yo abogo por una calidad de muerte, porque esta sea digna, porque llegue sin robarnos nuestra esencia como personas.

Mª José

06/04/2010

La hipoteca con los intereses más altos.



La vida, en ocasiones, te muestra su lado más positivo y, en otras te enseña los dientes. Dientes que incluso las pirañas les tendrían envidia. Nos quejamos de nuestro presente, del trabajo, del cabrón del jefe, siempre tiene ese calificativo, no se porque, sea o no cabrón lo llamamos así, debe ser una forma cariñosa de hacerlo. Nos quejamos del banco, de los impuestos, de lo que cuesta una lechuga… Discutimos por tonterías, por una silla mal colocada, por una comida sosa, por una palabra más alta que la anterior… Pero nunca, nunca, pensamos que pasaría si la vida nos enseña esos dientes diciéndonos que se acaba, que nos quedan días contados, que mañana en nuestra vida dará igual esa silla mal puesta, esa comida sin sal… Porque la sentencia ha caído sobre nosotros.

Es asombroso como pueden cambiar las cosas de un día para otro, y lo que hoy deseamos, mañana damos cuenta de que ya no lo queremos, o lo que es peor, comprobar que aquello que tanto despreciamos es justo lo que andábamos buscando. Despreciamos nuestra salud, total está ahí, sin que nadie le haga demasiado caso, si nos duele algo ya tomaremos una aspirina y listo, ojalá fuese verdad… No siempre lo es, muchas veces esa aspirina no soluciona nada, ni esa aspirina ni doscientos miligramos de Morfina… No podemos hacer nada… La vida se nos escapa, todo por lo que tanto hemos peleado deja de importar, nada nos va a devolver la vida, el tiempo mal gastado en discursiones, en luchas inútiles, en mal vivir.

Es asombroso como me entienden aquellas personas con quienes comparto silencios, y es absolutamente asombroso que con las que derroché más palabras, jamás me comprendieron, mi hermana esa persona que jamás entendió ni quiso entender lo que le decía, ahora aunque quisiera no podría entenderme. Ahora es alguien, pero no es ella. Esa que he visto hoy en el hospital no es ella, es una impostora que ha adoptado esa mala leche suya, pero no ha podido imitar nada más de ella. Esa mujer con la cara hinchada, con un parche en un ojo; porque ya no ve, en una silla de ruedas; porque ya no puede andar, que apenas come; porque ya no tiene control sobre su propia lengua para tragar, que no se le entiende bien lo que dice; porque la Morfina no la deja coordinar, que quiere ser la misma de siempre; mandona, puñetera, pero apenas puede serlo… Esa, no es mi hermana, es alguien con sus rasgos que una cruel broma del destino ha puesto en esa cama.

Asombroso es que dos personas miremos la misma cosa, y la veamos de tan diferente color. Nos vemos una a la otra, ella me ve igual que siempre y yo solo veo una mujer a la que las pirañas de este maldito destino le ha enseñado los dientes y además la muerden cada vez que pueden, a la que injustamente ese Dios en el que ella creía ciegamente, le arrebató las personas que más quería y ahora se quiere ensañar de nuevo con ella, llevándose la poquita familia que le queda, eso si, despacio, con dolor, con sufrimiento… Para que no sea fácil, para no regalarle ni siquiera el consuelo (idiota, pero consuelo) de decir que se la llevó sin sufrir,

¿Es esto alguna especie de pago por algo que hemos hecho o dejado de hacer? No lo sé, pero esta vida es una hipoteca en la que muchas veces pagamos los más altos intereses.

Mª José

06/02/2010

Estos son una serie de blogs, relatos o como queramos llamarlos que le escribí a mi hermana en unos momentos muy duros para todos, pero sobre todo para ella que era la que luchaba incansablemente por vivir.

Carta abierta a mi hermana: Te quiero tapón de coca-cola

Me encuentro tomando mi eterna taza de café, sentada frente al teclado tratando de hilvanar alguna idea para escribir. Se me agolpan recuerdos lejanos y delirantes que a través de este pacto eterno con la nostalgia están invadiendo mi vida estos días. Escribo para ti, escribo para entender yo lo que siento, escribo para desahogar tantas dudas que jamás sabré responderme…

¿Qué puedo hacer sabiendo te vas? Sé que nunca te dije las cosas que debía decir. Y ahora me siento entre la espada y la pared. Sé que debería decirte cuanto te quiero, aunque no sepa como hacerlo y decirte que me duele tu dolor. A pesar de las fallas, a pesar de los oscuros muros que hubo algunas veces. A pesar de las eternas discusiones en nuestras vidas, de los gritos tuyos…, que eres muy gritona eh????... De los malos entendidos y las temporadas sin hablarnos… de que seas esa clase de persona que señala los errores ajenos y no los propios. Aunque a días nos llevemos mal, en el fondo nos queremos a rabiar… y es que eres la única hermana que me queda, somos hermanas y nos queremos a pesar de todo.

Esa maldita enfermedad está comiéndote terreno, aunque estás luchando contra ella como lo harías en el juego del comecocos, tratando de esquivarla, de presentarle batalla… Que ella está ganando, aunque tú se lo estás poniendo muy difícil, está saliendo victoriosa, te escudas detrás de una sonrisa, de un decir que no podrá contigo, de cierto cinismo ante la misma, pero todos vemos como te gana, como día a día se lleva un poquito de tu vida y de tu ser. Ahora se ha alojado en tu cerebro, ya la echaste de tu cara y de tu cuello, pero ella, como el comecocos ha salido por otro sitio y ha elegido el cerebro, te provoca pérdidas de memoria, y que muchas veces no entiendas las cosas, muchas veces no te acuerdas de lo que le dijimos ayer o de lo que has explicado hace un rato, eso no importa, callamos y volvemos a escucharlo con el corazón encogido. Te ha robado la visión de un ojo y como es insaciable se ha dedicado estos últimos días a provocarte dolores que la morfina no calman… Por eso estás en un hospital tratando de vencerlo de nuevo, tratando de encontrar las dosis adecuadas de drogas para calmar el dolor… Soportando una quimioterapia agresiva que te consume, pero que no lo consume a él como debería ser…

Veo que te vas poquito a poquito y me duele, no quiero que te vayas, no quiero quedarme sola, tendríamos que haber sido cuatro hermanos envejeciendo juntos, al primero, el único chico, ni lo llegamos a conocer, nuestra hermana murió como bien sabes hace relativamente pocos años cuando menos lo esperábamos y ahora tú te vas a ir pronto. Quédate, no tengas prisa, no te des por vencida, sigue luchando como lo haces, sigue negándole la victoria.

Las dichosas lágrimas no me dejan ver bien la pantalla del ordenador mientras te escribo esta carta. Estas lágrimas nunca dejarán de brotar… pero no te preocupes, esconden un secreto, sé que nunca te olvidaré, que tendré que ser la Mª José que haga sonreír a los tuyos cuando llegue el día, la “titaaaa” que esperan tus hijos, la de siempre, la que nada le afecta, la que siempre se ríe de todo hasta de si misma… Y lo haré, te prometo que lo haré… Las lágrimas las guardaré para mi almohada, pero ¡te echaré tanto de menos! No puedo evitar recordar mi niñez o mi juventud a tu lado… Tantas cosas… Tantas anécdotas mil veces contadas… Especialmente recuerdo una frase que me dijiste un día en que por algún motivo que no recuerdo, yo lloraba, me abrazaste y dijiste: Regálame otra sonrisa.

Es lo único que puedo decirte ahora, antes de que te vayas: Regálame otra sonrisa.

Te quiero tapón de coca-cola

Mª José
18/09/2009